
Sé que tarde o temprano tendré que abandonar esta casa en la que he vivido, prácticamente, durante los últimos veinte años. A veces imagino ese momento, a veces lo temo, a veces lo deseo. Lo único cierto es que algún día ha de llegar.
Una vez leí que cuando quieras que algo pase debes actuar como si ya fuera real, como si ya fuera un hecho...y ante la incertidumbre, he decidido empezar ha preparar mi mudanza.
A lo largo de mi vida me he mudado unas diez veces y en esto, como en tantas otras cosas, la experiencia es un grado y la experiencia me dice que lo primero que hay que hacer para llevar a cabo una mudanza con éxito es una buena limpieza a fondo, limpieza de enseres, de ropa, de cosas...y he decidido empezar por limpiar el pasado.
De los confines del altillo del ropero, saqué una maleta pequeña en la que conservo los recuerdos. He empezado por las cartas, unas ciento y pico cartas recibidas básicamente en dos épocas distintas de mi vida: una, cuando tendría unos 15 años y me escribían los amigos que veraneaban fuera o se iban a hacer la mili y otra, cuando tenía unos 18 y estuve estudiando en Madrid durante un año y medio.
He leído una por una cada una de las cartas por temor a perder algo que fuera imprescindible para mi vida. El hecho de que ahora me sienta capaz de deshacerme de todas ellas es ya algo muy significativo. Si ya lo dije desde el principio, VERÓNICA, ALGO VA MAL. Esto de las cartas no es más que otra manifestación de ese algo que va mal.
Aún así, la experiencia no ha estado mal. He recordado a una "yo" casi olvidada, que creía en mil cosas en las que ya no creo, con otros principios, con otras ideas, otras ilusiones. He recordado amig@s que me remontaron durante varios días al pasado. Pero como he decidido que cuando me vaya partiré ligera de equipaje, he resumido todo en apenas una cuartilla en la que anoté algunos nombres, algunas direcciones, algunas fechas. Cuando haga la mudanza, el pasado tendrá que caber en una caja de zapatos porque cuando me vaya quiero tener una vida nueva, renacer, ser otra.
Finalmente, para darle un toque sacrílego al acto decidí que sería bonito quemar las cartas. Me proveí de un recipiente adecuado para contener la pequeña hoguera, cogí el porro que tenia guardado desde hacía semanas (porro que le había pedido a un compañero de trabajo en mi búsqueda de emociones fuertes, hace siglos que no me fumaba uno) y salí al jardín para llevar a cabo mi ceremonia de "quema del pasado".
Encendí el porro y empecé a fumar...de entrada casi no me muero de la asfixia, jajaja, pero cuando pude controlarme un poco empezó a parecerme el cielo de la noche de un azúl más intenso, las estrellas más brillantes, todo muy hermoso. Ya estaba en órbita y decidí proceder a la quema: la primera carta ardió en hermosas llamas amarillas, rojas, armando un poco de humareda. La segunda carta fue casi alucinógena: una llama entre azul aguamarina y azul cobalto, como de gas butano, se elevó medio metro delante de mi nariz. No tengo ni idea que la produjo, pero imagino que el material del sello o quizás del sobre. La humareda era ya de pronóstico y me dio miedo que los vecinos asomaran la nariz y me pillaran allí, en pijama, a las tantas de la madrugada, con un porro en la mano y jugando con fuego, así que me vi obligada a dar por finalizada la ceremonia, (por cierto, que el porro también lo apagué y me guardé la mitad que quedó para otra ocasión).
Mi ceremonía quedó frustrada para siempre y mi pasado acabó en un contenedor azúl. Así, una parte de mi pasado será reciclada...esperemos que toda esta historia sirva para que una parte de mi se recicle también y pueda por fin empezar una vida nueva.